INTRODUCCIÓN

El periodo de cría y levante es una etapa de suma importancia, ya que la productividad de un lote de ponedoras, determinada fundamentalmente por el número de huevos, tamaño del huevo e índice de conversión, va a depender en gran medida del desarrollo corporal temprano y de la uniformidad al final del levante.

 

Por otra parte, el potencial de crecimiento desde el inicio de puesta hasta el pico va a influir de manera determinante sobre los resultados productivos. En efecto, entre el 5 % de puesta y el pico, el peso corporal de las aves tiene que aumentar en un 20 % (unos 300 g en ponedoras de huevo marrón), lo que requiere un aumento del consumo de pienso de alrededor del 40 % en ese periodo. Las pollitas que tengan un aparato digestivo bien desarrollado y una buena capacidad de ingestión tendrán más facilidad para cubrir sus necesidades en esta fase tan crítica del inicio de puesta, y estos son aspectos que dependen del manejo adecuado en levante.

 

El objetivo de la fase de recría tiene que ser obtener un lote de pollitas de calidad, que vendrá determinada básicamente por:

 

- el perfil de peso corporal en recría

- la uniformidad del lote

- la calidad del corte de picos

- la capacidad de ingestión

- la edad a la madurez sexual

- el estado sanitario del lote


 ARRANQUE DE LA POLLITA HASTA LAS 5 SEMANAS DE EDAD: UN PERIODO CLAVE EN LA RECRÍA

Diversos trabajos han mostrado la importancia de conseguir un desarrollo temprano y un peso corporal adecuado a las 5 semanas de edad por su correlación positiva con los resultados de producción (madurez sexual, persistencia de puesta y viabilidad).

 

Durante las primeras semanas de vida, se desarrollan básicamente los órganos internos, el sistema inmunitario y el esqueleto. Conseguir un buen crecimiento desde el inicio de cría va a facilitar el obtener lotes de pollitas con un peso y una estructura corporal adecuados antes del traslado, y preparadas para una óptima productividad.

 

Son muchos los factores que juegan un papel importante en la consecución de este objetivo de peso corporal a las 5 semanas de edad, muchos de ellos sobradamente conocidos, por lo que nos detendremos con más detalle en los relacionados con la alimentación y la iluminación.

 

Condiciones ambientales: temperatura y humedad relativa

Es importante precalentar las naves 24 a 36 horas antes de la llegada de los pollitos y, en el caso de recría en suelo, verificar que la yacija alcanza una temperatura mínima de 30ºC.

 

Una técnica muy fiable para determinar si la temperatura es la adecuada es medir la temperatura corporal de las pollitas con un termómetro infrarrojo de oído: la temperatura óptima es de 40ºC, y las consignas de calefacción deberían de ajustarse de acuerdo con las lecturas efectuadas en un muestreo de pollitos.

 

Otro aspecto fundamental, y no siempre suficientemente controlado, es la uniformidad de las condiciones de humedad y temperatura en toda la nave. No hay que olvidar que, en recrías en batería, las pollitas no tienen la posibilidad de desplazarse para elegir una zona de confort de acuerdo con su propia regulación térmica.

 

Densidad y equipamiento disponible

Desde edades muy tempranas, hay que proporcionar a las pollitas unas condiciones de alojamiento y de distribución del equipamiento (bebederos, espacio disponible de comedero) suficientes para un crecimiento adecuado. En el caso de trabajar con densidades elevadas, o retrasar en exceso el desdoble de las aves, se fomenta la competitividad de las pollitas, lo que supone un stress que provoca retraso en el crecimiento y, frecuentemente, problemas de uniformidad en el lote.

 

Ventilación

La ventilación es fundamental para mantener un ambiente adecuado dentro de la nave, garantizando el aporte del oxígeno necesario y la evacuación del gas carbónico producido, tanto por los pollitos como por el sistema de calefacción. Por otra parte, la ventilación tiene que regularse de manera que la temperatura y la humedad relativa se mantengan en los niveles recomendados, evitando las corrientes de aire. Desde las primeras semanas de edad es imprescindible una renovación mínima de aire de aproximadamente 0,7 m³/h/kg de peso vivo para garantizar la calidad del ambiente.

 

Suministro de agua de bebida

En cuanto salen del cascarón, los pollitos pierden alrededor de 0,1 g/hora, de manera que es fundamental que tengan acceso al agua de bebida en cuanto se descargan en la nave de cría. Por lo tanto, es prioritario que puedan rehidratarse rápidamente, disponiendo de un agua atemperada a 20 º- 25 º C.

 

Es aconsejable, para facilitar el acceso rápido de los pollitos al agua de bebida, incorporar los primeros días unos bebederos de primera edad suplementarios, que luego deberán retirarse gradualmente. La altura de las tetinas también tendrá que irse adaptando en función del crecimiento de las pollitas, de manera que inicialmente esté regulada a la altura del ojo de las aves.

 

Alimentación

La utilización de un pienso presentado en migajas en esta fase favorece el consumo, ya que la aprehensión de las partículas de alimento es más fácil, con lo que se reduce el tiempo empleado por las pollitas en consumir su ración y mejora el índice de conversión.

 

Es importante controlar la calidad de las migajas, debiendo estar adaptado su tamaño a la edad de las aves y, sobre todo, evitar aquellas que se deshacen fácilmente al repartir el pienso.

 

Durante las primeras semanas de vida, las pollitas no tienen desarrollada la capacidad de regular el pienso ingerido en función del nivel energético de la ración. Por otro lado, las necesidades proteicas son elevadas y, si no son cubiertas, el crecimiento se reduce y el índice de conversión aumenta.

 

La alimentación temprana tiene un efecto favorable sobre la utilización del vitelo y sobre el desarrollo de los órganos del aparato digestivo. Un método sencillo de estimar cómo están comiendo las pollitas es la palpación de buches: el objetivo es que a las 24 h de la recepción de las aves, al menos el 95 % tengan los buches llenos.

 

Iluminación

Los programas de iluminación utilizados en este periodo tienen un papel determinante sobre el crecimiento de las pollitas. Como regla general, una mayor duración del alumbrado en esta fase favorece el consumo de pienso y, consecuentemente, el crecimiento.

 

Durante los primeros días se recomienda mantener entre 22 y 23 horas de luz y una intensidad de luz relativamente elevada, entre 30 y 40 lux, para estimular la actividad de las pollitas y favorecer el consumo de agua y de pienso.

 

A partir de la segunda semana de vida, es aconsejable una reducción lenta de la duración de la luz y una disminución gradual de la intensidad, que debería adaptarse por un lado al comportamiento de las pollitas y por otro a las condiciones de alojamiento previstas en producción.

 

LA RECRÍA ENTRE LAS 5 Y LAS 16 SEMANAS DE EDAD: DESARROLLO DE LA CAPACIDAD DE INGESTIÓN.

Durante este periodo, y desde la edad más temprana posible, hay que preparar a las aves para satisfacer sus necesidades futuras (periodo de producción), habituándolas a ritmos de alimentación adecuados así como favoreciendo el desarrollo de su aparato digestivo.

 

Si como consecuencia de un manejo inadecuado en la recría las pollitas tienen un consumo insuficiente y un peso bajo al inicio de puesta, los resultados globales del lote se verán afectado negativamente: en estos casos es frecuente que el peso del huevo sea inferior al previsto, que el pico de producción esté también por debajo del objetivo o que, rápidamente después de alcanzar el pico de puesta, se observé una caída del nivel de producción.

 

Densidad y equipamiento disponible

Al igual que en la fase de arranque, durante el resto de la recría, una de las premisas elementales de partida para intentar un crecimiento adecuado y una uniformidad aceptable será trabajar con una densidad de población apropiada y contar con el equipamiento disponible suficiente para el número de aves que se alojan en la nave.

 

Horarios de alimentación

El buche desempeña un papel de almacenamiento de alimento, hidratación y regulación del suministro de alimento a proventrículo y molleja. El tiempo de tránsito entre el comienzo de la ingestión y la excreción es corto, lo que tiene como consecuencia que las aves manifiestan un mayor apetito al final del día para hacer frente a las necesidades energéticas nocturnas. Por la mañana, cuando se enciende la luz, al estar vacío el aparato digestivo se observa también un pico de consumo de pienso.

 

En la práctica, y en función del material disponible, es aconsejable efectuar 2 repartos de pienso al día, uno entre 2 y 3 horas antes del apagado y un segundo reparto por la mañana, tras el encendido. También es posible efectuar un solo reparto por la tarde, de modo que las pollitas terminen su ración al día siguiente al encenderse la luz, aprovechando el apetito consecuencia del aparato digestivo vacío para consumir más fácilmente las partículas finas. En cualquier caso, se evitarán los repartos de pienso muy frecuentes, ya que provocan un comportamiento de selección de partículas en las aves y una mayor heterogeneidad del lote.

 

La duración del periodo de vacío de los comederos debe aumentar progresivamente hasta obtener un mínimo de 2 horas. Esta técnica permite el desarrollo del aparato digestivo y favorece un tiempo de consumo corto. No se trata en ningún caso de un racionamiento de pienso en sentido estricto, sino de una adaptación de la cantidad de pienso a repartir en función del crecimiento de las pollitas y del tiempo de consumo observado.

 

Presentación física del pienso

Las aves son naturalmente granívoras, y prefieren consumir las partículas más gruesas, más fáciles de aprehender con el pico. Cuando se suministra pienso en harina, las partículas finas son frecuentemente rechazadas por ser menos apetecibles y pueden acumularse en los comederos, lo que acarrea un consumo de pienso insuficiente y problemas de crecimiento.

 

A partir de las 4 semanas de edad, se recomienda que al menos el 75 % o el 80% de las partículas tengan un tamaño comprendido entre 0,5 y 3,2 mm. Las partículas inferiores a 0,5 mm. no deberían sobrepasar el 15 % del total, mientras que aquellas superiores a 3,2 mm. tendrían que representar como máximo un 10 %.

 

El tamaño de las partículas juega también un papel importante en el desarrollo de la molleja, imprescindible para su normal funcionamiento y conseguir un crecimiento correcto de las aves. También se favorece el desarrollo de este órgano digestivo si se utiliza grit insoluble (tamaño adaptado a la edad de las aves) o si se aporta a partir de las 10 semanas de edad un 50 % del calcio en forma de partículas gruesas (2 a 4 mm.)

 

En cuanto a las características nutricionales del pienso, el utilizado en este periodo (crecimiento y pollita) debe cumplir las necesidades de las aves, básicamente a nivel de aminoácidos digestibles y en cuanto a valor energético para asegurar un crecimiento adecuado. A partir de las 10 semanas de edad, la utilización de niveles energéticos excesivos limitará el desarrollo del aparato digestivo y presenta el riesgo de reducir la ingestión de pienso al principio de la puesta, cuando aumentan las necesidades del ave. Por esta razón, se recomienda que el nivel energético de la fórmula de recría sea ligeramente inferior al del pienso de puesta.

 

Por otra parte, es recomendable la utilización de una fórmula de pre-puesta desde unas 2 semanas antes de la puesta del primer huevo hasta el 2 % de puesta. En este periodo, se desarrolla el hueso medular que constituirá la reserva disponible de calcio para la formación de la cáscara.

 

Programa de iluminación

La utilización de un programa decreciente lento, con una duración relativamente larga del periodo de luz durante las primeras semanas y una duración mínima de 10 horas (12 h en periodo de calor) a partir de las 7 semanas de edad, permitirá favorecer el consumo de pienso y la puesta en práctica de las técnicas de alimentación mencionadas en el apartado anterior. De esta manera se facilitará por un lado el desarrollo del aparato digestivo y por otro la adquisición gradual de un ritmo cronobiológico.

 

Este tipo de programas tienen también otros efectos favorables, como son el minimizar el riesgo de de un déficit energético nocturno (posible si el periodo de oscuridad es excesivamente largo) y también el compensar el efecto nefasto de las altas temperaturas en periodo de calor, al permitir a las pollitas consumir pienso en las horas más frescas.

 

En cualquier caso, se deben respetar las siguientes reglas:

 

- no aumentar el tiempo de alumbrado entre las 8 y las 14 semanas de edad (se considera que las pollitas son fotosensibles desde las 6 semanas de edad).

- evitar estimular pollitas demasiado ligeras (puede acarrear consecuencias negativas a nivel de viabilidad, producción de huevos y calidad de la cáscara)

- no disminuir la duración del periodo de luz tras el inicio de la puesta

 

Otro objetivo fundamental del programa de iluminación es el control de la madurez sexual, es decir, la edad de inicio de la puesta de un lote. El momento de esta madurez sexual depende del peso de la pollita, de su composición corporal y del programa de alumbrado utilizado.

 

Una madurez sexual excesivamente precoz tendrá como consecuencias la puesta de huevos de un tamaño pequeño, una mayor fragilidad de la cáscara y un incremento de los trastornos de oviposición (mayor proporción de huevos de dos yemas, riesgo de padecer prolapsos...).

 

La variación de la madurez sexual se acompaña de una variación importante del número de huevos producidos, así como del peso medio de los mismos. Numerosas experiencias demuestran que el principal factor que afecta el tamaño del huevo durante toda la vida productiva es el peso de la pollita en el momento de la madurez sexual. De ahí la importancia de aplicar el estímulo luminoso en función del peso corporal y de los objetivos de producción más que en función de la edad.

 

En cuanto a la intensidad luminosa, aunque se sabe que se puede conseguir un desarrollo sexual adecuado de las pollitas con niveles incluso más bajos, por debajo de 2 lux, la recomendación habitual se establece en torno a 5 lux, lo que permite una vigilancia normal del estado de las aves y la inspección de las instalaciones. Intensidades más elevadas en recría no tienen ningún efecto beneficioso, aunque pueden ser aconsejables en función de las condiciones de iluminación de la nave de producción en que se alojarán las aves, como es el caso de los gallineros de puesta abiertos. En estos casos conviene recriar a una intensidad de luz más elevada para evitar un aumento excesivo de la misma tras el traslado que pueda acarrear problemas de nerviosismo y consecuentemente picaje y/o canibalismo.

 

Uniformidad del lote

Para considerar que la recría se ha realizado con éxito, es fundamental no solo que el peso promedio de las pollitas sea el correcto, sino que la mayoría de los animales estén en torno a ese valor medio. No siempre se valora suficientemente la uniformidad, y sin embargo es un elemento que tiene gran influencia en los resultados globales de los lotes.

 

Nuestro objetivo debería ser conseguir una uniformidad mínima de 80 % a las 16 semanas de edad. Estos lotes son más fáciles de manejar, ya que la mayoría de las aves responderán de igual manera al estímulo luminoso y tendrán una madurez sexual equivalente, con lo que se consiguen curvas con mejores picos y mayor persistencia. Del mismo modo, lotes uniformes presentan en general mejor viabilidad, pues se reducen los riesgos de mortalidad debidos a prolapso y picaje.

 

Son muchas los aspectos del manejo que tienen efecto sobre la uniformidad de los lotes. Conocerlos y efectuar un control semanal del peso medio de las pollitas con cálculo de la uniformidad debería ayudarnos a poder poner en práctica las medidas correctoras lo antes posible para conseguir un resultado aceptable al final de la recría. Entre las causas más frecuentes de falta de homogeneidad de los lotes se encuentran:

 

- Deshidratación de las pollitas en las primeras horas de vida

- Temperatura inadecuada a la llegada de las pollitas

- Problemas en el corte de picos: excesivamente cortos, cauterización insuficiente, desiguales…

- Equipamiento insuficiente: falta de espacio en comederos o bebederos

- Densidad de población elevada: mantenimiento de las pollitas durante demasiado tiempo en la zona de arranque antes de dar más espacio, desdoblamiento tardío…

- Distribución de pienso inadecuada: un excesivo número de repartos de de pienso favorece un comportamiento alimentario selectivo. Como ya se ha mencionado anteriormente, es importante conseguir que los comederos queden vacíos diariamente para evitar la acumulación de pienso y estimular el consumo y favorecer la uniformidad.

- Problemas derivados de la presentación del pienso: granulometría inadecuada (exceso de finos o de partículas gruesas), desmezcla

- Enfermedades y situaciones de stress (reacciones vacunales…)

 

CONCLUSIONES

El periodo comprendido entre la llegada de las pollitas con un día de vida hasta el inicio de la producción de huevos es crítico en la vida de la ponedora, pues es durante esas semanas cuando se desarrolla la capacidad fisiológica de la gallina.

Un crecimiento adecuado desde el inicio es imprescindible para poder conseguir un peso corporal correcto y una uniformidad aceptable al final de la recría. Un peso corporal insuficiente y/o una falta de uniformidad penalizarán los resultados productivos globales y la masa de huevos producida.

En cierto sentido se puede considerar la recría como un periodo de entrenamiento, durante el cual habrá que poner en práctica aquellas pautas de manejo que prepararán a las pollitas para afrontar con mayores garantías de éxito la fase de inicio de puesta hasta el pico y que están mejor adaptadas a las necesidades fisiológicas de la producción de huevos.

 

Autor/es

Rafael Lera 

Rafael Lera

Licenciado en Veterinaria por la Universidad de Zaragoza (España), con experiencia en avicultura de puesta desde el año 1990. Comenzó trabajando en Euribrid y desde 1991 en el grupo ISA, inicialmente como responsable de producción de la filial española de la división para distribución de pollitas comerciales. Desde 2001 trabaja como especialista del Servicio de Asistencia Técnica de la división de genética de puesta del grupo Hendrix Genetics, anteriormente ISA, en diferentes regiones, fundamentalmente Península Ibérica, Oriente Medio y América del Sur.